Y saltó, saltó al vacío sin abrir los ojos, deseando que todo sea una pesadilla, una broma de la vida. Saltó y rezó porque solo sea un tropezón, que otra vez le sostenga la mano y no la deje caer...
Saltó sin darse cuenta que era la última vez, pero que tampoco iba a caer, se dio cuenta que tropezón no es caída y que ella también puede volar.
Y la cuerda se cortó, la historia terminó, sus alas desplegó y se echo a volar, comenzó a brillar como solo las estrellas lo logran hacer, comenzó a iluminar como solo ella podía hacer.
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